El espacio que ocupa nuestro sistema solar fue, en su origen, una enorme nube de polvo y gas. Hace 4600 millones de años, seguramente a consecuencia de la explosión de una supernova cercana, esta nube comenzó a concentrarse por efecto de la gravedad.
Esta contracción dio lugar a un disco llano y rotante de gas y polvo en cuyo centro comenzó a acumularse la materia por causa de la gravedad. Nació así el llamado “protosol” que acabaría acumulando hasta el 99.9% de la masa de todo el disco que lo redaba.
Entonces la temperatura del protosol fue alcanzando un punto crítico, de tal manera que los átomos de hidrógeneno comenzaron a fusionarse, y esto provocó grandes cantidades de energía, dando lugar a átomos de helio. En ese momento el sol alcanzó la forma con la que lo conocemos hoy.
Sin embargo, no todos los materiales fueron absorbidos por la estrella que nació. Estos fragmentos comenzarían a acoplarse entre sí, formando los “planetesimales”, de unos 10 kilómetros de diámetro y que serían el germen de los planetas. El resto de elementos acabó en forma de satélite de otros planetas, o de asteroide o cometa.
El viento solar arrastró las sustancias más livianas lejos del protosol, donde gracias a las bajas temperaturas, los planetesimales fueron adquiriendo mayor masa y atrayendo gran cantidad de gas. De esa manera, los materiales más pesados quedaron más cerca de las estrellas y formaron planetesimales de roca, que darían lugar a los planetas.
La historia del nacimiento de los planetas es una historia de caos y violencia. Cuando el sol apenas contaba con una decena de millones de años, los fragmentos de roca y hielo que orbitaban a su alrededor empezaron a colisionar caóticamente entre sí hasta acabar fusionándose. Es así como se cree que nació nuestra luna. El impacto de un cuerpo con el tamaño de Marte en la Joven Tierra la fragmentó y los escombros resultantes formaron nuestra luna .
Hace 3800 millones de años, una gran lluvia de asteroides se precipitó sobre la Tierra y sus planetas vecinos mientras que Neptuno y Urano se alejaron del Sol. Tanto la lluvia como el alejamiento de los dos planetas fueron provocados por Júpiter y Saturno, que alteraron sus órbitas y desestabilizaron el resto del sistema.
EL TAMAÑO DEL SISTEMA SOLAR
Tengamos en cuenta un dato importante: Si computáramos todas las masas del sistema solar, al sol le correspondería el 99, 86% de toda la masa del sistema solar y el 0,1% restante corresponde a los planetas.
De este 0,1% el 1% correspondería a los planetas rocosos, es decir: mercurio, venus, tierra y marte. El 70% corresponde´ria a júpiter; el 20% a Saturno, el 4 a Urano y el 5 a Plutón.
Para que nos hagamos una idea, el sol podría ser como un Balón de Futbol y el resto de planetas tener el tamaño (todos juntos) de un guisante. La tierra es apenas un granito de arena en correspondencia con el sol.
SISTEMA SOLAR INTERNO Y EXTERNO
El sistema solar se divide, además, en varias partes. Por un lado tenemos el sistema solar interno, que se compone del Sol y los planetas más cercanos (los planetas rocosos), que son Mercurio, Venus, la Tierra y un poco más allá, Marte. Estos planetas están formados por roca y metales, los únicos materiales capaces de soportar grandes temperaturas.
Tras los planetas más cercanos, hay un cinturón de asteroides: objetos rocosos situados entre marte y júpiter que no consiguieron formar un planeta, seguramente debido a la fuerza de gravedad de Júpiter y terminaron formando un cinturón.
El sistema solar externo comienza a partir del cinturón de asteroides. Al estar más alejados del sol, estos planetas pudieron capturar grandes cantidades de gas por lo que superaron en tamaño a los del sistema solar interno. Aquí se encuentran Júpiter, Saturno, Urano Neptuno y en su momento, Plutón.
Lo siguiente que encontramos, más allá de Neptuno, es un anillo de objetos helados semejante a cometas, entre ellos los planetas enanos como Eris o Plutón.
LA ARMONÍA DE LOS PLANETAS
Cuando observamos los planetas, enseguida nos damos cuenta de que se encuentran bellamente alineados. Esto se debe a que sus órbitas suelen presentar una inclinación semejante. Para encontrar la causa de esto, tenemos que volver a remontarnos al origen del sistema solar.
Todos los planetas tuvieron el mismo origen y eso derivó en una gran similitud en la inclinación de sus respectivos planos orbitales. La inclinación de las diferentes órbitas respecto a un plano invariable es muy pequeña, y es por eso que se se dan toda clase de fenómenos de alineación y de superposición de planetas, ya sea entre ellos mismos o con respecto al sol. Esta superposición de trayectorias también está en la base del zodíaco.
Cuando un objeto celeste pasa frente a otro objeto celeste se le llama tránsito. Desde la tierra, los tránsitos más notables son los de Mercurio y Venus frente al sol.
Es el zodíaco una banda del cielo terrestre que se ubica a unos 9 grados por encima y otros 9 grados por debajo de la trayectoria del sol. Dentro de esa banda se hallan las trayectorias del Sol, la de los planetas y las de la totalidad o porte de 24 constelaciones. El sol, a lo largo de un año a traviesa en tiempos desiguales 13 de ellas: las 12 tradicionales del zodíaco y Ofiuco.
Cuando observamos los planetas desde la dirección que marca el polo norte terrestre, observaremos que todos se mueven en sentido antihorario. Es decir, los planetas giran alrededor del sol en el mismo sentido. Este es el sentido de giro que en su día tuvo el disco protoplanetario. A este sentido de giro común se le llama “sentido directo” y como en su momento veremos, facilita el vuelo interplanetario.
LA ROTACIÓN PLANETARIA
La mayoría de los planetas giran sobre sí mismos en sentido directo, sin embargo, hay dos excepciones: Urano, y sobre todo, Venus, que lo hacen en sentido contrario. Seguramente como consecuencia de grandes impactos durante su formación, ambos tienen el eje de rotación muy inclinado:
Mercurio rota a 0 grados, mientras que venus rota a unos 177 grados , esto lo posiciona prácticamente bocabajo.
La tierra se inclina unos 23 grados, marte a unos 25 grados. Júpiter un poco más recto a unos 3 grados. Saturno a 26 grados y, llegamos a Urano que gira a unos 98 grados. Esto significa que lo hace en una posición prácticamente horizontal. Por último, Neptuno que gira a unos 28 grados sobre sí mismo.
LOS PLANETAS DE GAS Y LOS PLANETAS DE ROCA
Aunque todos los planetas tuvieron su origen en el disco protoplanetario que en cierto momento rodeó al sol, la cercanía de los elementos respecto a este determinan el tipo de planeta que se formará: o bien un planeta rocoso, o bien un gigante gaseoso.
Pero, ¿Qué es un planeta? El término planeta proviene del griego planetas y significa errante, y es que cuando e observaba el cielo, podía verse a simple vista los caminos de Mercurio, Venus marte Júpiter y Saturno, que destacaban sobre el fondo de estrellas al moverse en relación a este.
Pero, astronómicamente, qué es un planeta?
Un planeta es un cuerpo que orbita alrededor de una estrella. En el sistema solar existen objetos celestes que no se consideran planetas aunque puedan tener tamaños similares a los que sí. Por ejemplo, Calisto y Ganímedes, dos l unas de Júpiter que no orbitan alrededor del Sol y que tienen un tamaño mayor al de mercurio.
Son prácticamente esféricos y esto sucede cuando tienen suficiente masa para que su gravedad y su presión interna estén en equilibrio.
Causa dominancia orbital. A consecuencia de su gravedad, va limpiando de su órbita a posibles competidores. Si esta regla no se cumple (como el caso de Plutón) se le llama “planeta enano”.
Pero volvamos a la composición de los planetas.
Nos encontramos, como ya sabemos, los planetas rocosos y los planetas gaseosos. Los rocosos son los que están más cerca del sol. Son llamados también planetas telúricos y presentan un núcleo metálico, donde abundan el hierro, los mantos y las cortezas de roca. Estos planetas tienen una superficie muy sólida y bien definida.
Por otro lado, están los planetas gaseosos, de mucho a mayor tamaño y cuyos núcleos se componen básicamente de hidrógeno o metano , aunque también presentan pequeños núcleos sólidos que incluirían roca y compuestos de hidrógeno como el agua. Estos planetas tienen una superficie más indefinida, con una gradual transición entre el estado gaseoso, al líquido y de este al sólido.
OTROS ELEMENTOS DEL SISTEMA SOLAR
Los llamados planetas enanos son aquellos que, como veíamos antes, carecen de la dominancia orbital, lo que no los convierte en planetas de pleno derecho. Es el caso, por ejemplo, de Plutón que en 2006 perdió su categoría de planeta. Otros planetas enanos son Ceres, Sedna, Makemake o Eris.
También se encuentran los cometas: cuerpos procedentes de los más lejanos confines del sistema solar, con un nucleo de roca y hielo que al acercarse al sol se dotan de una espectacular y característica cola.
El polvo interplanetario. El sistema solar se encuentra impregnado de gran cantidad de partículas de polvo que, según las últimas investigaciones, derivan de los restos de cometas que surcan el sistema solar.
El polvo interplanetario puede reflectar la luz solar, y es el responsable de que en las noches sin luna aún haya una luz natural. El brillo del polvo es especialmente intenso en las cercanías del sol y en el plano de la elípitica, lo que se conoce como “luz zodiacal".
MÁS ALLÁ DE LOS PLANETAS
Más allá de los planetas se encuentra la llamada nube de Oort, cuya existencia es meramente especulativa, ya que se encuentra demasiado lejana para contemplarla. Sin embargo, su hipotética existencia explicaría el origen de los cometas más lejanos.
EL SISTEMA SOLAR Y LA VÍA LÁCTEA
El sol solo es una pequeña estrella dentro de los millones de estrellas que componen la vía láctea, sin embargo, el lugar que ocupa dentro de la galaxia ha sido determinante par la existencia de la vida. Pues, como veíamos en el episodio sobre la Vía Láctea, hemos nacido en el área “habitable” de nuestra galaxia, dentro del brazo de orión.
Pero si pudiéramos visualizar desde fuera nuestro sistema solar, veríamos una hermosa danza en la que alrededor del sol, los planetas van moviéndose y orbitándolo. Un vaivén de espirales pequeñas y grandes que se desplazan siguiendo el sentido de los brazos de la galaxia.
Vivimos en una constante danza, en un constante movimiento… en un constante éxtasis de vida.
¡Que las estrellas Guíen tu camino!

